Dicen que el amor mueve montañas. En estos tiempos tan convulsos, como si alguna vez en la historia de la humanidad no lo fueron, solo me queda creer en Giuseppe Tomasi Di Lampedusa, que afirmaba que el AMOR es el único medio que tenemos de escapar de nosotros mismos. Esta cita de Lampedusa, nos invita a reflexionar sobre la importancia del amor en nuestras vidas. Sobra presentar al escritor italiano nacido en diciembre de 1896 en Palermo, autor de «El Gatopardo», la única novela que publicó en su vida, un clásico de la literatura italiana y que le otorgó reconocimiento internacional. Recientemente he vaciado mi antigua casa y he tenido que desprenderme, no sin gran pesadumbre, de muchos libros que he donado a LIBU para que tengan otras vidas; pero «El Gatopardo», se ha quedado conmigo.
El autor italiano nos insta a comprender que a través del amor somos capaces de trascender nuestras limitaciones internas y conectar con los demás de una manera profunda y significativa. En un mundo en el que a menudo nos encontramos atrapados en nuestro propio ego y en nuestras preocupaciones personales, el amor nos ofrece una vía de escape hacia la empatía, la compasión y la unión. Es a través del amor que encontramos la posibilidad de salir de nuestra propia esfera individual y comprender que la verdadera plenitud se alcanza cuando nos relacionamos con los demás de una forma auténtica y genuina.
Un discurso que se repite constantemente en los medios, es que las mujeres no tenemos referentes y que precisamente esa falta de referentes femeninos lastra el empoderamiento de las jóvenes; algo que perjudica especialmente a las mujeres cuando se trata de profesiones tradicionalmente masculinizadas. En el mundo del Arte no creo que haya muchas diferencias… En el año 1985, cuando precisamente cursaba mis estudios de Bellas Artes en la UPV-EHU, se constituía en Nueva York, el colectivo Guerrilla Girls como un grupo anónimo de artistas de acción feminista, cuyas obras intentaban contrarrestar las tradiciones patriarcales y sus comportamientos en el ámbito cultural. Su discurso, analítico y crítico, reforzado mediante el uso de la ironía y el sentido del humor, sigue vigente; con más de treinta y cinco años de existencia, este colectivo cuya obra no solo se limitó a la cartelería, sino que sus acciones a lo largo de los años se han caracterizado por la transversalidad en sus medios y objetivos, incidiendo sobre el sexismo y la discriminación de las mujeres en el mundo de las artes visuales, del cine y de la cultura en general.
Haciendo un poco historia, en 1985 se inauguraba en el MoMA (Museum of Modern Art) de Nueva York la exposición «An international survey of painting and sculpture», que contaba con 169 artistas, de los cuales solo 13 eran mujeres y, escasa representación de creadores negros. De poco sirvió la concentración de activistas que se situó a la entrada del museo para denunciar estos alarmantes datos, por lo que un grupo de mujeres pertenecientes al mundo del arte, conscientes de que la revolución feminista de los 60 y 70 no había alcanzado todas sus metas y de que había que replantearse las herramientas del activismo feminista y antirracista, crearon GuerrillaGirls para tratar de cambiar esta situación. Otro dato interesante del colectivo, conocidas por utilizar máscaras de gorilas para ocultar su rostro, es que se identificaban con el nombre de mujeres artistas fallecidas como Frida Kahlo, Eva Hesse, Paula Modersohn-Becker, Käthe Kollwitz, Gertrude Stein o Georgia O’Keeffe, entre otras, omitiendo así su identidad real al mundo y reivindicando los logros de aquellas mujeres. Curioso ¿no? Frida Kahlo, referente en mi adolescencia, ocupando un lugar preeminente en el colectivo GuerrillaGirls.
En los años 80, no había ordenadores en las aulas, corrijo, los había sí, pero dentro de sus cajas y en el cuarto orcuro, dato que aporto con pleno conocimiento; bueno, la cuestión es que soy incapaz de recordar si en mi época de estudiante me hablaron del colectivo Guerrilla Girls, pero lo que sí puedo confirmar es que desde niña tuve referentes femeninos, y muchos, por lo que me entristece enormemente lo que se escribe en estos artículos en pleno siglo XXI. Como digo, tenía muchos referentes, en primer lugar, cerca, en mi familia, mi madre la primera, mis tías independientes que trabajaban, o mis tías montañeras que pertenecían a la hermandad de los centenarios (que consiste en ascender 100 montes en un mínimo de 5 años y un máximo de 10), mis tías que viajaban solas… No eran gestas, pero si algo inimaginable en una sociedad en la que imperaba el franquismo; los estudios superiores, para las que los obtenían, no eran más que un adorno a la espera del matrimonio. La identidad femenina y la masculina tenían que estar radicalmente diferenciadas, por lo que estaba mal visto que una mujeranduviera sola por la calle o incluso pagara la consumición en un café… Bonito panorama el que marcó marcialmente el rol de la mujer, para relegarla al hogar.
En segundo lugar, tenía muchos ejemplos de mujeres a las que admiraba, pero tampoco hacía el esfuerzo para buscarlas, estaban ahí, al menos para mi, mujeres escritoras, fotógrafas, artistas, diseñadoras del mundo de la moda, diseñadoras gráficas, cineastas, actrices maravillosas que representaban papeles de mujeres valientes, emprendedoras y con carácter, cantantes con vidas apasionantes y voces maravillosas, mujeres de otras décadas y coetáneas. En mis obras artísticas muestro mis propias contradicciones, tengo muy claro que las críticas de las Guerrilla Girls u otros colectivos feministas eran reales, pero también digo que yo veía a las mujeres porque las quería ver, no es que necesitara tener referentes como tal, sino que me fijaba en personas que me resultaban interesantes. A Frida Kahlo la aprecié desde el momento en que tuve conocinimiento de su obra, su vida y el personaje que fue. Su talento artístico, su pensamiento y su manera crítica del ver al mundo, me marcaron. Fue una mujer valiente, que no tuvo miedo de demostrar su verdadera cara ante el público y su legado no es solo sus creaciones artísticas, sino su postura ante la vida y sus valores encabezados por la pasión y la transparencia. Este ha sido un reencuentro feliz y un homenaje a una de mis artistas predilectas. Y una reflexión, los mensajes que transmitimos son importantes, no somos mejores que nadie, pero tampoco menos que cualquiera… No lo olvidemos.
Hola amigxs ¿cómo estáis? ¿Me echáis de menos? Yo bien, eso sí soy como el río Guadiana, aparezco y desaparezco porque siempre ando enfrascada en nuevos proyectos y no me da la vida, pero para contaros mis andanzas siempre saco un hueco y las próximas semanas volveréis a tener noticias mías.
Al cierre de la convocatoria había 310 obras de artistas participantes de todo el mundo; se eligieron 15 artistas cuyo trabajo se mostró en MIA AnyWhere Virtual Museum, fuertemente comprometido con el coleccionismo y la visibilidad del trabajo de artistas mujeres y que en la actualidad reúne más de 1.000 obras de cerca de 100 artistas de 27 países.
El hashtag de la convocatoria #PorQueNoMeVes, presentaba una doble lectura. Por un lado, funciona como un interrogante o cuestionamiento de la invisibilidad de las mujeres en el arte, al mismo tiempo, actúa como una exhortación o llamamiento a ver el trabajo de las creadoras.